2016/09/23

Cuando te dejas un riñón a causa del mendiguismo

Schwarzfahren, término que en alemán responde al significado de "viajar tren/bus/metro/etc sin haber pagado el billete". En Alemania, para el individuo de la imagen en cuya camiseta leemos "yo viajo sin pagar" hay una multa de 60€ (40 en los tiempos en los que esta historia está ambientada, o sea, 2013) si el revisor le pilla. ¿Que por qué hablo de esto? En una de mis entradas anteriores sobre el mendiguismo durante el Erasmus prometí relatar mis "líos con la justicia". Pues bien, en esta entrada me dispongo a contar cómo un tonto despiste puede hacer que el mendiguismo te salga por un ojo de la cara.


Todo empezó en un tren que viajaba a 20km/h por la Turingia profunda, cuando dos estudiantes empezaron a maquinar maldades, es decir, el viaje del puente de Todos los Santos. ¿Que Munich es bonito, dices? Pues vámonos a Munich. ¿Que los albergues son caros, dices? Pues dormimos en la estación. 

A simple vista, parecía que el viaje estaba minuciosamente diseñado para minimizar el coste del mismo, reclutamos a una tercera persona para que el billete del tren nos saliera más barato (sí, yo era una de las estudiantes del tren, sorpresa), íbamos a dormir en la estación y lavarnos en algún baño público, llevaríamos comida de casa... El idilio del viajero pobre. 

Peeeeeeero... Todo se nos complicó.

Tras pasar todo el día en el tren para llegar a Munich, nos retiramos a dormir a la sala de espera de la estación de trenes de la capital bávara. La mañana siguiente nos despertamos a las cuatro de la mañana para andar con tiempo para cambiarnos y coger el primer tren hacia Füssen (castillo de Neuschwanstein). Ahora que lo pienso, sin embargo, "despertarse" es un término demasiado optimista, puesto que no conseguimos pegar ojo en toda la noche entre los borrachos de la estación y la paranoia de que alguien nos robase las mochilas. 

Nos desplomamos en los asientos del tren y antes de las seis ya estamos rumbo a Füssen... en teoría. No llevábamos ni media hora de viaje cuando entra el revisor y le mostramos el Bayern Ticket que hemos comprado. Dicho billete nos permite a las tres personas coger todos los trenes regionales que queramos durante todo el día. ¿Cuál es el problema, entonces? Que solo permite hacerlo a partir de las nueve de la mañana. Con la de veces que había utilizado ese billete y tuvo que olvidárseme justo ese día, prácticamente la única vez que me han pedido el billete.



El revisor nos echó del tren y nos dijo que esperásemos en la maravillosa estación de la poblada metrópolis llamada Geltendorf, donde ninguna actividad, tienda ni entretenimiento brilla por su ausencia. Lo que no brilla por su ausencia es el tono irónico de la última frase, he aquí la estación de Geltendorf, donde teníamos que esperar más de dos horas:

Toma escenario para peli ambientada en campos de concentración

Tened en cuenta que era noviembre, estábamos cerca de los Alpes y apenas eran las siete de la mañana. Lo que se traduce en: frío hasta para los pingüinos de la Antártida. Sumad a eso la mala leche y el no haber comido nada caliente en horas. Resultado: escena desoladora de tres personas abandonadas en una estación casi abandonada. 

El chiste fue llegar a la sala de espera y encontrarnos con un posible escenario de rodaje para una película ambientada en Auschwitz: "habitación" SIN PUERTAS totalmente dejada cuyas únicas comodidades eran los "asientos" de piedra contra las heladas paredes. Y nosotras que pensábamos que dormir en la estación de trenes de Munich era nuestro límite de indignidad...



No hace falta decir que en aquel momento le deseé lo peor al revisor que nos obligó a pasar horas en aquel lugar, aunque luego acabaría retirando mis odios hacia dicho revisor. Empezamos a dar el show (para variar) dando brincos por la "sala de espera" (que ni era sala ni era de espera, sino de muerte y desesperación, pero bueno) para entrar en calor y no morir antes de ver Neuschwanstein. Hora y media más tarde ya no aguantamos más estar ahí y decidimos arriesgarnos y coger el tren que pasa a las ocho y media hacia Füssen. Solo nos quedan poco más de 30 minutos para que sean las nueve, por lo que esperamos que el revisor esta vez tarde más de media hora en aparecer.

Lo bonito que sería tener una máquina del tiempo como él para estas ocasiones...

A juzgar por el título del post habréis deducido que el revisor no tarda más de media hora en aparecer. No, pasa a las nueve menos cinco. NUEVE MENOS CINCO. Le damos el billete con la mano temblorosa y se queda mirándonos unos segundos antes de soltar: "Tú me das 40€, tú otros 40 y tú otros 40. En total, 120€".



¿Qué hacemos ahora? Nuestra humillación pública pasa por las siguientes fases:

1. Desconcierto: fingir que no entendemos el alemán, igual cuela. "Wasss? Enchuldigun, ish verrrste nish", todo acompañado de cara de turista inocente y señalando nuestro billete como diciendo "señor, le hemos dado el billete ya".

El señor es inmune.

2. Dar pena: señalarnos mutuamente y repetir la palabra "students" tantas veces como haga falta.

El señor es inmune.

3. Medida desesperada: suplicar que no nos ponga una multa, que nos bajaremos del tren y cogeremos el siguiente. 

El señor es inmune.

4. Medida desesperada II: decir que no tenemos dinero. En caso de una era verdad, así que enseñó su cartera vacía.

El señor es inmune.

5. Bancarrota estudiantil: darle el dinero con cara de estar en un atraco.

El señor sonrie sádicamente, mira su reloj que marca las 9:05 de la mañana y pronuncia las palabras que provocan en nosotras un instinto asesino por el que habríamos tenido que pagar más de 40€ de haberlo llevado a la práctica: "Ya son más de las nueve, ahora ya tenéis en orden el billete".

Aún a día de hoy, casi tres años después, ese señor ocupa el puesto de honor en el ranking de la maldad: Voldemort < Dolores Umbridge < El revisor.



En resumen, el hecho de racanear con el hotel nos llevó a tener que pagar 40€ de multa, lo cual hizo que el coste de viaje fuera el mismo del que habría sido de haber ido a un albergue. No escribo esto para justificar lo que hicimos, obviamente fue culpa nuestra, pero eso no quita que nunca dejaremos de odiar al revisor de las 8:55. 

Moraleja: no intentes colársela a los revisores alemanes. No todos son iguales, pero por si acaso.


¿Tienes alguna historia similar que contar? ¿Algo que decir sobre el relato de terror? ¡Deja un comentario!

3 comentarios:

  1. Da dolor sólo de leerlo.
    pero si, muchos revisores no se andan con chiquitas. A mí me pusieron una multa en los trenes suizos (100CHF) y me dolió TANTO. Estaba de Erasmus y mirando también hasta la última peseta.

    ¿Cómo va todo por Friburgo? Tengo ganas de leer tus aventuras.

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    Respuestas
    1. Oh, no, 100CHF me parece una exageración! Seguro que a los suizos les va tan bien porque se forran con multas a erasmus ingenuos!

      Tengo pendiente una entrada sobre Friburgo y mi vida aquí, pero nunca encuentro el tiempo para escribirla, a ver si me pongo las pilas :).

      Saludos!

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  2. nos paso con una amiga que por comer un rico apple strudel o como sea en esos castillos, se nos pasara el tren de vuelta y tuvimos que colarnos en otros que nos dejaron a medio camino. Una vez allí tuvimos que comprar tickets de nuevo a casa porque el tren que debíamos tomar con nuestros antiguos billetes se nos paso de largo por estar dando vueltas en la estación... así que terminamos pagando como 45 euros cada una en nuevos tickets...

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